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Todos los años se repite el mismo error y sale caro: planificar el 18 como si fuera un solo un par de días de peak. En realidad funciona como una curva, que sube, llega a su punto más alto y después baja. Y lo que casi nadie alcanza a ver a tiempo, es que la operación se cae mucho antes de la cima, cuando la curva todavía va subiendo.
Cuando por fin llega el 18 de septiembre, la venta grande ya pasó. La ola de verdad, la de reponer sin parar, recibir mercadería y mantener las góndolas llenas, golpea los días previos, muchas veces desde la primera semana del mes. Si tu dotación reforzada recién queda lista para la quincena de septiembre, llegó tarde.
El problema es que el trabajo pesado viene antes: hay que recibir la mercadería, ordenarla y dejarla repuesta antes de que el cliente llegue a comprar. Las góndolas de las categorías que mandan en estas fechas (bebestibles, carnes, carbón, vestuario, menaje) tienen que estar llenas semanas antes, que es cuando la gente hace las compras grandes. Si el refuerzo aparece solo el fin de semana, ya se perdió la ventana venta.
Lo que pasa después ya lo conocemos: quiebres de sala en plena semana peak, equipos que recién están aprendiendo el punto de venta cuando ya no hay margen para equivocarse, y supervisores corriendo a tapar hoyos en lugar de gestionar. Casi siempre el problema es de timing: la gente estuvo, pero llegó lista demasiado tarde.
Fiestas Patrias tiene una ventaja enorme: es uno de los peaks más predecibles del año. Cae siempre en la misma fecha y se comporta de manera bastante parecida temporada tras temporada. Eso te permite prepararte con datos concretos: sabes cuándo pega de verdad la ola temprana, qué categorías se disparan primero, qué perfiles marcan la diferencia según el tipo de sala y cuánta holgura conviene dejar para cubrir reemplazos.
Un partner que ejecuta decenas de Fiestas Patrias por temporada, en cadenas y formatos distintos, ya tiene esa data encima, y esa memoria operativa suele ser lo que hace que un 18 salga redondo.
El título de esta sección funciona, en la práctica, como un cronograma. Reclutar, seleccionar, contratar e inducir personal que sirva toma semanas. Y si quieres tener gente capacitada y lista antes de que pegue la ola temprana de septiembre, el trabajo tiene que arrancar bastante antes:
Planificar así te saca de la lógica del apuro y te deja llegar a septiembre con el equipo resuelto, sin salir a apagar incendios sobre la marcha.
Si estás pensando si resolver el 18 con dotación propia o apoyarte en un partner especializado, la decisión honesta se juega en tres capacidades. Hacerlo puertas adentro funciona bien cuando ya tienes aceitada la máquina de reclutamiento masivo, cuando acumulas data de años anteriores y cuando cuentas con supervisión en terreno para el peak. Cuando te falta alguna de las tres, un socio con experiencia aporta exactamente eso:
Vale la pena decirlo sin rodeos, porque es el fondo del asunto: un 18 bien resuelto se juega en tener a la gente correcta haciendo bien el trabajo. Veinte personas bien inducidas y supervisadas rinden más que cuarenta improvisadas que llegaron el viernes sin saber dónde va cada cosa. Al final, lo que marca la diferencia es quién está en la sala haciendo que todo funcione: reponiendo a tiempo, cubriendo una ausencia sin que se note y sosteniendo el estándar cuando el tráfico aprieta.
Esa es la diferencia entre llenar cupos y asegurar la ejecución.